Lo Que les Acontece a los Caballeros Andantes

Escrito por el 24-7-2012 en Abstracciones trasnochadas

No es ningún secreto,

estoy tieso de dinero. De ahí que con tal de ahorrarme el importe de un sólo billete de metro sea capaz de recorrer a pie distancias maratonianas, a fuerza de una tenacidad y empeño para muchos llanamente masoquistas. Eran las 15:45, varios kilómetros me distaban del objetivo, una clase de comportamiento cívico a la que me disponía a llegar tarde y sudado. Estaba lejos yo, cansado, abatido del sol y pensamientos recurrentes. Tenía el dinero, podía pagar mi trayecto y mi llegada tempranos; un cognitivo me hubiera dicho: “Error mío, paga el billete, piensas demasiado las cosas, es funcional, lógico, evidente, armónico, salubre, natural, justo, y sano hacer la maldita compra; ¡hazla!” Pero yo empezaba a intuir mi determinación de no hacerlo; si bien no por estar absolutamente convencido ¿Para demostrar qué a quién, pudierais decir, haces las cosas difíciles?; no sabría responder. Ese objetivo, llegar, llegar a mi propio modo, sin gastar siquiera un duro, valía todos los valores del mundo. Era una meta plástica, tangible, cercana… ¡gloriosa!; meridiana, clara, sincera, cristalina. Todas mis fibras convergían al propósito; mi corazón bullía, arreciaba con cada paso; sudaba a raudales. Recordé vagamente mis profundos problemas, los veía diminutos desde el pedestal de mi ambición andariega. Ya no estaba sólo, contaba con el sentido. Llegué a mi meta.

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