No es país para Idealistas

Escrito por el 10-9-2012 en Episodios Nacionales

Nos llamaron el milagro de Europa.
Nos lo creímos.
Y acto seguido lo desaprovechamos.

 

 

Desde hace un tiempo, tristemente, observo como una multitud cada vez más numerosa toma los mismo derroteros que nuestros antepasados más cercanos.

Contemplo sin posibilidad de reacción alguna, y en el más profundo desconsuelo y estupor, un goteo incesante de amistades y familiares embarcados hacia nuevas aventuras allende estos muros.
Creí que tales hechos, pertenecían a una época ya pasada. Que habíamos logrado transgredir nuestro pasado campesino y espartero y habíamos abrazado una normativa mucho más europea y civilicista. Que habíamos construido, por fin, un estado capaz de ofrecer oportunidades a todos, despojándonos de nuestro tradicional devenir historico y alcanzando cuotas de bienestar nunca vistas.

Todo ha resultado efímero.

No estuvimos preparados para tamaño regalo. Icariano uso hicimos de lo que podía haber sido una ventaja. Cuales hijos de arquitecto, eventualidad que compartimos con el mito griego, se nos dieron alas y se nos instruyó a usarlas. Si bien, nos obcecamos en la desmesura y derivamos al latrocinio entre nosotros mismos.

Asombrosa idiosincrasia, muy trágica e hispánica, el abrazar el esperpento – misterio latente en nuestra propia normalidad – como natural condición.

Hay quien piensa y razona que nunca estuvimos preparados para ello, otros arguyen, envanecidos en la proyección de su matiz subjetivo, que han sido “ellos” los que han disuelto esta oportunidad. Sin importar quienes sean “ellos” mientras no se les señale a si mismos, como vía para evitar el sostenimiento de cualquier perseverancia moral. Exaltan con temeridad los ánimos y se enfrascan en una prosecución de su aislante camino.

Quizás sea un signo de nuestro abolengo. Quizás nunca nos hayamos despegado de ese fantasma histórico anti-humanístico y romántico, y que el corolario de la acepción e interiorización de todo este efervescente capitalismo moderno sólo haya servido para arrastrarnos hasta la luz y acto seguido dejarnos caer. Quizás no hayamos aprendido nada de todo ésto…

Pero más allá de todas estas reflexiones, se haya la auténtica cuestión que los apóstrofes de la gente no permiten poner en cuestión si acaso analizar. Dicho argumento radica en la acepción de no pretender ofrecer una dádiva a la deidad torturadora para aplacar sus ánimos, sino en aceptar esta nueva normativa, de un estilo duro, quebrado y agresivo, y pensar en cómo podemos traspasarla.

Hay un hecho, y es, que no comparto la realidad pesimista y derrotada de cuantos argumentan que nada hay ya por hacer. Que este devenir diario es inexorable e innamovible.

Observo a mis coetáneos desalentados, desmoralizados, frustrados y en el peor de los casos airados y coléricos.

Cierto es, que marcaron a nuestra generación como heredera de todos los avances logrados en los tres últimos decenios. Nos aleccionaron sobre las virtudes que se nos habían otorgado y se nos juzgó por no saber valorarlas. Crecimos bajo la promesa de una cornucopia festiva y abundante donde sólo teníamos que cumplir una serie de pasos prefijados, para alcanzar tan loable devenir.

Y nuestras críticas crecieron en acritud a cada decepción.

Alcanzando el límite del hastío, toda una progenie, de la más preparada que este agreste país ha producido, ha dicho basta y ha preferido dirigir sus esfuerzos hacia nuevos y más prometedores horizontes. No es momento de juzgar tal acción o pretender siquiera dotarla de un barniz incriminatorio.

Puede ser que su postura sea derrotista pero en ningún caso derrotada.

Tuvimos un condicionante inicial y es que partimos de una base en la que se nos mostraron todas las preseas y alhajas que tendríamos al final del camino. Se nos prometió todo. Y ahora que hemos llegado a puerto, tras un periplo educativo largo y tedioso, vemos al mismo vacío y desalmado. Desangelado estadio moral y material, esto es lo que hemos encontrado.

Entiendo y abrazo tamaña decepción. Si bien, juzgo réprobo, el pretender obtener el absoluto sin haber sufrido en la odisea por el mismo. Las cosas están mal, sí. Pero por este mismo motivo hay que seguir intentándolo y no desasistirnos a nosotros mismos. Puede que no haya certezas y que las inclemencias sean varias.

Pero cómo disfrutar del verano, sin conocer el invierno.

Triste y melancólico es, el observarlos marcharse sin verles si quiera poder intentarlo. Puede ser que no sea fácil, que se empeñen en provocarnos caídas y fomenten la competencia descarnada entre nosotros. Que a cada paso que intentemos dar, la realidad se posicione infranqueable y no nos deje ver más allá. Que las condiciones sean duras y enervantes… Que incluso hayan conseguido hacernos creer que el desasarraigo patrio sea la opción más fácil (nada más lejos de la realidad cuando es conocida, la profunda crudeza e iniquidad que esa decisión guarda) pero es que rápido nos hemos alejado de la realidad laboral que este país ha proporcionado siempre, desde sus inicios. El camino de la realización es de tierra. Y larga la caminata.

En mi caso particular, suerte he tenido honestamente hablando, no cejo en mi pugna diaria por prentender labrarme mi propio rumbo. Y pretendo hacerlo dentro de esta noble piel de toro que tanto disgustos nos da pero a la que tanto debemos. Llegará el día, su empeño es perseverante, en que consiga extirpar ese sueño de mi persona. Y quizás en ese momento entienda que no es ni el país que merezco ni el que necesito. No me lo pone nada fácil la verdad sea dicha. Pero hasta entonces seguiré, todos los días, buscando mi puerta al verano.

Juzgarán como demente tamaña actitud. Idealista e irreal.

Yo digo que sin riesgo no hay gloria.
 

“Tal a Ulises le ladró el corazón indignado de tales vilezas, pero él le increpó golpeándose el pecho y le dijo: “Calla ya, corazón, que otras cosas más duras sufriste…”

La Odisea, Canto XX, 15-18.

 

3 Comments

  1. ¡Que viva España!

  2. Henchido de orgullo patrio me hallo, tras observar dicha improvisada ovación por nuestra injustamente vilipendiada estirpe !
    Comparto sobradamente tu parecer.

    • Tus palabras le llevan a uno a debatirse entre la melancolía, el orgullo, el cabreo, el espanto y la esperanza, lo que ennoblece tu escrito; mas tu comentario al comentario suscita en mi una réplica que no puede ser otra cosa que lo siguiente:

      jajajajaja

      PD: Que Viva!!

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