No es país para Lúcidos

Escrito por el 11-10-2012 en Episodios Nacionales

“Puede ser que un día tengamos que preguntarnos Quién ha firmado esto por mí.

Ese día puede ser hoy…”

Ensayo sobre la lucidez – José Saramago

 

 Extraña idiosincrasia…

Desde hace unos días, es de reseñar la estrafalaria situación política particular en que nos hallamos los madrileños…

Ninguno de los más altos puestos a regidor ha sido directamente votado en las últimas elecciones. Cierto es que nuestro sistema democrático legislativo prevé tal singularidad mediante el últimamente denostado sistema de listas electorales y que ante la ausencia del cabeza de lista, por el motivo que sea y aún a pesar de las promesas que lanzaran para asegurarse el voto, el orden de puestos alza al siguiente de la lista para evitar cualquier vacío de poder temporal.

Pero ante la grave crisis de identidad política que se ha cernido sobre este país, no es de extrañar que la citada situación provoque recelos, aún incluso resquemor entre una parte de la ciudadanía que ,sorpresas aparte no muestra ningún tipo de reacción aún siquiera subrepticiamente…

Entendido está que si tu jugador titular sufre una lesión, has de tirar de banquillo y sacar al suplente a suplirle. Pero ésta analogía ofrece validez tanto en cuanto es por tiempo limitado. Se hace uso de este recurso para solventar un quebranto temporal y subsanar cualquier merma hasta el siguiente partido, en el que todo vuelva a la normalidad.

Pero cuando esta sinonimia se aplica al entorno democrático surge una reflexión categórica…

¿Quién pita el final del partido?

Nada más lejos de mi intención que desglosar una recensión sobre las bondades de los dos dirigentes que abandonaron su compromiso para con la sociedad. Por mi parte no les guardo ninguna añoranza. Pero fueron elegidos por todos y ahi deberían seguir. Mal que nos pese es, o mejor dicho era, nuestro equipo titular.

No quisiera tampoco, que ésto sonase como una condena a la democracia, ni abrir puertas a la amargura, pero lo que hallo es una devastadora realidad aún no asumida del todo por mi parte y que trato de entender exasperadamente.

Qué les justifica legítimamente a, no sólo desempeñar un papel para el que nadie les había elegido sino para posicionarse como adalides morales y formales en una sociedad a sus ojos desestructurada.

Puede que no entiendan lo que está ocurriendo en este país, o puede que sí y estén sacando ventaja de todo..

 

 

El problema que subyace en todo ésto y que focalizo en estas dos personalidades es el vasto deterioro que la casta política se obceca en profundizar. Se han distanciado por completo de la realidad social.

Siempre me consideré propenso a identificar mi ideología con un determinado partido político y por ello, les voté asiduamente a cada oportunidad que tuve.

Que pacífica era la vida sin tener que argüir estas cuestiones para con uno mismo.
Era segura y tranquila… y que insulsa…

Más ahora, me encuentro en un encrucijada arrojando piedras a la quieta lisura del agua, aventurándome por las arenas movedizas de los dogmas políticos, no por su cuestionamiento de menor dimensión conflictiva que cualquier otro de índole espiritual.

Las cosas han cambiado. La economía está peor que nunca y la revolución es a cada día que pasa más improbable. Sin duda, muchas de las personas que salen a manifestarse y a debatir en asambleas siguen creyendo en un mundo radicalmente distinto pero aún así la mayoría de ellos parecen más preocupados por su futuro laboral, que por el verdadero cambio.

Tienen razones para ello,

Hasta hoy día he formado parte gustosa de todas las ocasiones en las que he podido enfrascarme en ejercicios democráticos como el manifestarse. Es un logro social y me gusta. Pero analizando los actos de esta crisis que se han dado en nuestra agreste morada, no puedo dejar de pensar en que no es el mejor camino y que no lleva a ningún éxito ni logro.

No porque su naturaleza sea de una esterilidad preceptiva, sino porque considero que el cambio debe venir por otra senda.

Hay que empezar a asumir que las instituciones de esta magnitud (en este caso la política y sus ilustres moradores) están estructuradas para defender a sus integrantes, no a quien reclama desde fuera. Y salvo algún cambio improbable en su disposición y conducta y que abracen una normativa más dadivosa y desinteresada, va a seguir siendo así.  Si no formas parte de su credo o estas afiliado a su maquinaria no te van a escuchar.

Los clubes sólo contienden por sus miembros.

Pero es que este tipo de confrontación no conduce a un cambio tanto en cuanto cualquier ataque producido contra una sujeto conlleva una defensa del objeto.

Cuanto más se les ataque por vías sociales, mayor será su cerrazón descreída a cualquier cambio de aires. Las manifestaciones de hace unos días para tomar el congreso, envalentonada en su tono por saboteadores de dudosa procedencia, son un buen ejercicio democrático en tanto se mantengan dentro de unos márgenes pacíficos pero son a todas luces insustanciales.

No hay que depender de las mayorías silenciosas, el silencio es frágil, ya que un sólo grito puede romperlo.

Aunque tampoco quiero promulgar una total desconexión de dicha maquinaria. El mayor castigo para quienes no se interesan por la política es que serán gobernados por personas que sí se interesan.

En toda gran reforma política (que necesitamos ya, a mi juicio) se corre el riesgo de que la locura se extienda con tanta facilidad y tanta rapidez como debería extenderse la cordura. Por esto mismo nuestra presencia en la misma se hace inapelable.

Pero la reflexión que debemos hacernos llegados a este punto, es, en qué ha mejorado nuestro día a día, desde que la ciudadanía decidió tomar la calle hace año y medio un ilustre 15 de mayo ?

 

 

No quiero animar a dejar la gesta de las plazas y abrazar la apatía y el tedio de las instituciones. Pero no logro encontrar ninguno de los valores que laceraron mi conducta social y la hicieron creer en que otro mundo era posible. En que el cambio había llegado.

Hay una frase muy explicativa que dice que cualquier época pasada fue mejor. Yo hoy me la creo.

Debido a su naturaleza corrupta y enviciada han conseguido enclaustrar cualquier atisbo de cambio, ya sea arrojando datos económicos, sociales o cristianos sobre nuestras cabezas o promulgando bondades sobre los ciudadanos que por los motivos que fueren (como si les importase) no han salido todavía a manifestarse.

Significa eso que la victoria es suya y no hay nada que hacer?

Ni mucho menos, simplemente es de imperiosa necesidad darles a entender, como ciudadanos y paisanos de esta tierra a la que no me canso de decir que admiro, que a ninguno de ellos hay que darles nuestra voz para que la usufructúen en cualquier de sus reuniones constituyentes.

Que han dejado de ser una asamblea del pueblo para convertirse en una oligarquía rancia y atemporal.  Una representación deformada en el espejo. Han conseguido lo impensable, que todos los logros sociales logrados antaño parezcan hoy en día lujos que no nos podemos permitir. Que insisten día a día en que compartamos sus responsabilidades pero no sus privilegios.

Y como hacerles entender dicho salto realista ?

Donde encontrar esa vía de aceptación de nuestro poder subyacente como sociedad ?

 

 

Supongo que llegados a este punto, ya es una cuestión que cada uno deberá afrontar como mejor sepa.

Si tuviera respuestas para todo estaría enseñando teología en París imagino.

Habrá algunos que estrechen lazos con la algazara y algarabías callejeras, otros que prefieran pasear su malquerencia en la intimidad de sus propios lares y otros que admiren dicha conducta y busquen emularla allá donde puedan. También habrá algunos que piensen que introduciéndose en su perverso juego puedan llegar a cambiar las cosas, para ellos mi más sincero deseo de éxito, pero no creo que se puedan cambiar las cosas sin que ellas te cambien a ti primero.

Independientemente de la vía y modo de actuación, ha llegado la hora de abrazar la lucidez.

Abrir los ojos y entender que no vamos por el buen camino, que la lucha será ardua, espinosa, quebrada y laboriosa pero que la meta lo merece.

Se trata sólo de un giro conceptual. No sirve como decálogo de actuación ante nuestra realidad diaria, pero si logramos entender que depende de nosotros y que estaremos dispuestos a luchar por ello será un buen inicio. Todo camino empieza por un primer paso.

El partido se alarga, porque ellos quieren, en mi caso tengo el balón en mi poder.

 

 

“No habrá recompensa para los perversos…

…pero los justos pueden conseguirla cuando les apetezca”

V de Vendetta – Alan Moore

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