No es país para Neutrales 2

Escrito por el 09-2-2013 en Episodios Nacionales

“…¿Es que no está nutrido de los mismos alimentos, herido por las mismas armas, sujeto a las mismas enfermedades, curado por los mismos remedios, calentado y enfriado por el mismo verano y por el mismo invierno? Si nos pincháis, ¿no sangramos? Si nos cosquilleáis, ¿no nos reímos? Si nos envenenáis, ¿no nos morimos? Y si nos ultrajáis, ¿no nos vengaremos? Si nos parecemos en todo lo demás, nos pareceremos también en eso… ”
El Mercader de Venecia – William Shakespeare

 

Se ha cerrado un capítulo. La justicia se ha resuelto en los callejones.

Puede no ser noble, y carecer de mística jurista pero a mi me ha congraciado con la realidad de este país. Al menos una parte de ella.

Hace ya unos meses, solté ciertos improperios de tinte ofendido en este mismo medio, por verme involucrado en cierta esperpéntica situación. Desagradable encontronazo con la realidad que para mi supuso un acicate.

Quisieron hacerme causante y causa de numerosas incriminaciones  que vinieron a agravar mi inocente visión del mundo en la que por aquel entonces me versaba.

Ultrajaron mi admiración profunda e ingénua hacia el concepto de justicia y me arrojaron a una condición por mí temida pero, ahora que la visualizo desde el otro lado, profundamente instructiva.

Instructiva porque he llegado a una conclusión acerca de uno de los pilares democráticos y humanistas que sostienen nuestro día a día y que creí de un devenir insostenible y férreo ajeno a cualquier manipulación y enredo por parte de quien fuera.

 

 

Damos por hecho que es un valor y un bien inherente al funcionamiento de cualquier sociedad moderna. Siempre estará ahí para proteger al indefenso y no permitir ningún tipo de abuso ni arbitrariedad…

Pues no,

La justicia hay que ganársela.

 

 

De naturaleza desidiosa, nunca va a actuar por su cuenta. Hay que ir a buscarla. Allá donde haga falta. Hay que ejercitar nuestros derechos , creer en nuestra ciudadanía y más ahora que esos valores están perdiendo su natural lustre y significado allá donde queramos fijar nuestra atención.

Para ello, me obligaron a hacer uso de recursos legislativos de toda índole. Me lanzaron en medio de la maquinaria burocrática y empezaron a susurrarme subrepticiamente todo tipo de tropelías y zarandeos a los que me podía ver sumido si continuaba.

A pesar de sus amenazas, y gracias a la inestimable ayuda de un letrado, bien versado en leyes y a quien nunca podré expresar mi más profunda gratitud, logré zanjar la altivez y parcialidad de ciertos sujetos pertenecientes a una entidad a la que juré aversión eterna.

 

 

Visualicé que éste día acabaría llegando, no por mi bien. Sino por el suyo.

Cierto es, que dicho litigio se sitúa bien lejos de lo que me había formado en mi imaginación. Puede ser que mi realidad estuviera contaminada por innumerables veces que vi situaciones similares en series de televisión, películas o libros.
La realidad suele ser siempre mucho más verídica y auténtica que nuestra proyección mental de la misma.

Digamos que toda la épica y mística que se había formado en mi imaginario alrededor de un juicio, fue radicalmente cambiada por una funcionaria malhumorada esgrimiendo papeles al aire de manera desenfrenada para que yo los firmara.

Un sello, y a casa.

Eso sí, victorioso !

Puede que la justicia que halla recibido sólo sea numeraria, traducida en fríos e impersonales billetes. Que se le va a hacer… hoy todo funciona así. Pero no entra dentro de mi diatriba actual, discernir lo adecuado de ésto, si no más bien dejar constancia del episodio que a continuación se dió y el que mejor sabor de boca me dejó durante el resto de la semana.

Pues tamaña bonanza espiritual fué alcanzada cuando después de recibir los consagrados y burocráticos sellos y a modo de cierre formal de este episodio, fui a dar la mano a aquel que quiso hacer suya la justicia tergiversando los hechos para limpiar su culpa y cargarmela a mí por entero.

Cual mi agrado cuando incapaz fué siquiera de mirarme a la cara.

 

 

Puede que notase la tímida sonrisa que por su reacción, empezó a formarse en mi cara y eso agravase su malestar. Y aún puede que este malestar durase lo que tardó en salir por la puerta atropelladamente, pero aún así, esos segundos en los que lo tuve defrente y en los que pude advertir su culpa, me sirvieron. Fui consciente de que se hacía testigo de su mal hacer.

Y aún cuando todo esto ocurrió en un desvencijado cubículo y me quedé sin saborear un proceso judicial verdadero, y aún cuando juzgaron que varios ceros eran intercambiables por la justicia que yo iba buscando, quiero pensar que fué una victoria total.

Quise que me oyeran y me oyeron. Quise explicarles la verdad y la aceptaron. Quise justicia y me la dieron.

Puede parecer insignificante pues tal episodio se repite diariamente y a un número del que no somos conscientes. Pero viendo cual era el adversario y cual la victoria no puedo más que expresar que sí creo en la Justicia.

Que hay algo en este país que sí funciona.

Puede que el poder legislativo y ejecutivo esté arrastrándose por el suelo por los actores que sostienen su peculiar obra de teatro, pero al menos saber que el poder judicial aún a pesar de sus defectos, que los tendrá, actúa me produce un profundo alivio por el destino que nos aguarda en esta noble piel de toro.

Corren buenos tiempos para la lírica…

 

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