¿Quién es tu…? ¿Quién es el único que te…?

Escrito por el 26-7-2012 en Literatura de Combate

 

Duermo, aun cuando estoy tan diurno

que siquiera tras de tu ventana pierdo un detalle de ti

por más que sea minúsculo;

pero espera, no duermo, más bien recuerdo,

eso es, miro hacia atrás y no obstante la bruma

creo saberte, recorrerte tan despacio y tan dulce,

tan tenue, y tan temeroso de ser temporal contigo…

No, no lo miro, ni lo creo, ni lo gusto dulce ni lo temo temporal;

soy el espejo roto de una valentía abatida,

te odio y quisiera fulminarte, sí,

en una cadencia tremenda, desesperada, de sudor

y contornos sombríos, y rubor, y espinas, y aspavientos.

Pero no, si yo no quiero socavarte, eres mi orgullo, mi esperanza;

no quiero cortar de tu figura ni una hebra de tu hermosa melena negra;

apetezco rendirte veneración lejos del macabro verano

y del eco, y de la cruz de mi cama vacía.

¿Qué digo? ¿Me entiendes tú, mi amor?

Sí, por supuesto, quieres alzarte nueva e inocente, vivir este mundo y el otro,

quieres que sea juzgador, parte y verdugo, sí, también verdugo, mi amor;

y yo lo haría porque quiero acabarte con toda la furia del cinismo converso;

lo haría con una condición, que jamás pudiera destruirte,

porque no miro, creo, ni recuerdo, sino duermo.

Duermo pese a estar tan diurno y creer saberte;

pero no lo olvides, recuérdalo siempre, obsesivamente,

no duermo, miro hacia atrás y te recorro despacio y dulce…

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