El Espíritu de las Letras

Escrito por el 30-1-2013 en Literatura de Combate

 

Historia de la escritura 11.

 

DON QUIJOTE                               Cuida de que esta carta a Dulcinea sea trasladada a mejor y más nuevo papel que éste.

SANCHO                               ¿Y la firma?

DON QUIJOTE                               Nunca las cartas de Amadís se firmaron. Además Dulcinea no sabe leer ni escribir, ni nunca ha visto una letra mía; porque nuestros amores han sido siempre platónicos. Y en doce años que la quiero, no la he visto ni cuatro veces…

 

 

De bien temprano fui conjurado a venerar el signo de la ciencia; sin embargo, un momento cualquiera, como por casualidad, tomé conciencia del género de estudio integrado de los sedicentes cultores de las letras. Su disimilitud conmigo era tanta, que pronto volqué mi atención en sus cualidades, como movido de una creciente suspicacia.

 

Tenía para mí que la ciencia era de un corolario invariablemente autoritario; nadie interesaba jamás porfiar con Rutherford sobre qué modelo de átomo fuera más verosímil; ni disentir del gran Newton, quizá, todo lo más, alguien atinara falsarlos.

 

Pero en eso que decían letras todo parecía constantemente objeto de cuestión; casi pudiera afirmarse que hasta los principios más primordiales fuesen susceptibles de una ininterrumpida re-interpretación. Percibí que el signo lógico y la captación de falacias eran tan sólo instrumentos como otros de expresar ésta o aquella intenciones concurrentes contingentes; además, por más que le fuese la vida a alguien en la argumentación de un planteamiento, no terminaba en realidad de resultar categórico. Así descubrí la distancia entre falsar y discrepar: La una sirve a la declinación, a la negación; la otra tan sólo a la afirmación, a la expresión de un sí a algo, no obstante asuma apariencia negativa. Y tocamos, por fin, el fin de esta historia.

 

Las letras, para mí, son el signo del hablar, y de, estando separados, combatir mi vaciedad. La escritura, esa forma de tristeza que yo llamo soledad, es, como tú, unas veces mi tirana, otras, mi libertad.

 

Esta es su historia, y la nuestra también, si,

queriendo y sin quererlo, me has seguido hoy hasta aquí

¿no crees en despedidas?, ¡no lo termines así!;

escribas más conmigo, con sosiego y frenesí.

Niño Burbuja

 

Te pienso

 

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