Filosofía del Mito y del Símbolo

Escrito por el 21-7-2012 en Literatura de Combate

Historia de la Escritura. 3

El sueño nos sitúa en lejanos estados

 

de la civilización humana,

 

dándonos así un medio de conocernos mejor…

Federico Nietzsche

Buena parte de lo que decimos prejuicio pertenece al territorio de la representación simbólica; no es lo mismo racionalizar temores que cantar alegorías. Un número nada desdeñable de conductas, supersticiones,  convenciones, y asunciones, encubren un trasfondo sustantivamente simbólico. Así, ajustándonos comportamentalmente a unos patrones figurativos aspiramos imprimir un sentimiento de verdad a lo que para otros no es más que el sórdido relato del a concatenación de eventos intercambiables; en otras palabras, aludiendo simbólicamente a la verdad cambiamos las acciones funcionales en ritual, y la actitud trivial en disposición iniciática. Instituciones como el luto, el matrimonio, la monogamia, la ojeriza a los albinos, y el rechazo a las mujeres en los ejércitos occidentales antiguos, entre otras, son de todo punto incomprensibles para otra perspectiva que la mirada simbólica.

El mito en la antigüedad clásica poseía una pretensión que no es conveniente sea inadvertida: ante todo su vocación era arrojar una suerte de saber objetivo; una noción de humanidad que operara allende el poder de la elección. Equivaldría en términos arcaicos a la moderna idea de ciencia, y su lenguaje en vez del método, era el símbolo. Una porción de verdad, una pretensión primitiva de exactitud, y una propuesta de acercamiento ceremonioso al mundo; Así opera el mito, conjurando la realidad, protocolariamente.

Hemos de rastrear aquí los anales de la escritura, donde religión, comprensión de realidad, y contacto simbólico con el mundo, se entrecruzan necesariamente. ¿Qué compone el escribir si no un lenguaje de símbolos dispuesto objetivamente?

De ahí la extrañeza y profunda sensación de abstracción que impone a la sensibilidad la práctica de dibujar letras. Su ritual pronto aliena la intención en un relato reglado. Escribir delata lo que de común signa los conatos de originalidad, e incluso de albedrío. La norma escritural incorpora una genuina razón objetiva, una metodología que disuelve contenido en forma. Es más, es el testimonio del predominio formal del lenguaje; de la hegemonía del cómo frente al qué. Tanto da, pronto emerge en los escritos un “no hay nada nuevo bajo el sol”.

La filosofía del mito dice una predisposición objetiva, es decir, ritual, iniciática al contenido. Tradición significa etimológicamente “acto de entregar”, y su instrumento más potente es la escritura. Pero entregar implica preexistencia, reproducción, compilación; su origen simbólico sugiere que no existe creación en la escritura, que no existe originalidad.

Error 88823

Submit a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *