Hasta Siempre, Grafología (discurso de fin de estudios)

Escrito por el 30-6-2013 en Literatura de Combate

A ti…

Titania, la gran Reina de las hadas, se enamoró de un asno, y cuando pudo tenerlo por fin delante le dijo: “Mis ojos se han enamorado de tus formas, y la fuerza de tu brillante mérito me obliga a decirte, a jurarte, que te amo”. Siempre he creído ver en esto un mensaje oculto de iniciación en el camino de las letras, y un modo de hacer un guiño a esa amante gráfica caprichosa que hemos aprendido a querer y conocer.

 

La escritura es la cultura, y como tal, la pérdida de la inocencia; el abandono del garabato del niño, de su caótica libertad, para asumir la tiranía de movernos con reglas en el espacio. Escribir… Escribir expresa el salto de madurar, y de volcarlos con mayor o menor resignación a este mundo donde alguien nos sentenció, queramos o no, a expresarnos espacialmente. No podemos eludir la responsabilidad de movernos. Y tanto da que sea en un salón, que en una página en blanco; nosotros hemos aprendido a reconocer que en el movimiento no podemos camuflar quienes somos. Esta es la gran gravedad que nos une, el misterio de la solemnidad formal de los grafismos.

 

Como vosotros, vine aquí buscando una respuesta ambigua. Un mensaje que a veces quise traducir de curiosidad, o de una alternativa laboral, o de entretenimiento, o de qué sé yo… Pero creo que vosotros sabéis  en realidad nace de la voluntad de saber quién soy.  Por eso estamos aquí. Y da igual que sea en la literatura, la investigación, el arte, la canción, o hasta en las leyes, somos polvo de estrellas y no podemos evitar describir una estela en el cielo.

 

Creo que Carlos tiene razón cuando pregunta retóricamente “¿Quién quiere quedarse sólo?” La escritura, como la vida, es maravillosa; igual que un trazo más o menos elegante sobre el papel, desde el punto de ataque te haces un hueco en el espacio intentando sobrellevar la dirección horizontal sin perder los márgenes de la realidad. Y vivir duele, es cierto que procuramos no hablar demasiado de ello pero el camino de las letras, como el amor, y como la sabiduría y la inspiración literaria, pueden hacerte sufrir; pero hay esperanza, mirando las letras he descubierto que  podemos llegar a considerarnos casuales; la vida es una broma gastada con mal gusto , sí, ¡pero hermosa!; no olvidéis que cada letra es única, somos hermosos como lo es nuestra escritura; aunque pueda dolernos la experiencia del mundo, siempre hay un pie para una cresta; y cuando un renglón termina otro le sucede. No temáis perder la línea de los márgenes, ni la vibración de la inclinación, recordad que nosotros, como las letras, podemos desdibujarnos y volvernos a escribir, que como ellas, juntos somos más fuertes; y obtenemos el significado de unirnos.

 

Escribir es maravilloso. La palabra manuscrita es un acto tan afectado de automatismo que evidencia con cada curva, con cada ángulo, el diseño de nuestra naturaleza. La escritura es cultura, sin embargo esto no quiere decir que sea también pensamiento. Es casi automático, como hablar; y no se puede pensar hablar. Por eso decidí amar la palabra escrita; volcando mi atención en las hojas tintadas puedo escapar de la fugacidad de mis pensamientos, no sólo en su contenido sino en su forma; el gran misterio de la identidad es la paradoja de estar prisioneros de esta carcasa de calcio que encierra todos nuestros pensamientos. De ser la resulta contingente de una cadena causal de eventos más o menos triviales, donde recuerdo, imaginación y mito concurren impunemente. Si perseguisteis en el espacio vuestra identidad hasta el seno de los grafismos, recordéis conmigo el gran arte cuya disciplina nos ha reunido, y nada os haga perder la unidad de vuestras letras.

 

Desde que despertamos a la identidad, nos dolemos de la necesidad de elegir quién seamos; esa abrumadora gama de opciones que enfrentamos diariamente con ocasión de cualquier elección perfila nuestra individualidad, nos demarca del resto poniendo a nuestras espaldas la historia de una subjetividad definida de colores y momentos característicos, caracterizadores. Mi vida y quién soy yo me lo van esculpi9endo cada cosa que leo y experimento, lo que oigo decir, lo que amo, lo que aprendo, lo que saco en limpio después de un desengaño, lo que gusto cuando dormido y cuando despierto, cuando pierdo la fe, cuando estoy pensando, cuando ebrio, cuando la fuerza de gravedad me empuja contra este mundo, cuando vertical, cuando soy un ideal, y cuando caigo en la tentación; soy víctima y superviviente del dinamismo de la identidad, mi conciencia está en constante movimiento; no sé quién soy. Pero he aprendido que cuando mancho un papel de letras, y dibujo una huella de formas, sonidos impresos y tinta, puedo encontrarme: Estoy en la cohesión de dos caracteres solitarios, y en la inclinación que matiza mi signo de temperamento; estoy en la dirección de mi figuración escrita, en la constancia de mi rectitud, y la expansión de mi avance; soy espacial, puede que no me conozca pero yo que os digo esto, que amo, deambulo, decaigo, arrecio y envejezco, soy una línea más o menos uniforme de la presión, describo una silueta con el tiempo en el espacio; en mis movimientos podréis comprenderme.

 

¡Y Vosotros que, como yo, decidisteis seguir el camino de los enunciados, y vivir próximos a la belleza de las palabras, descreed de la divisoria trazada tramposamente entre forma y contenido!, y os encontréis conmigo, más pronto que tarde, venciendo la tiranía de la elección, las imperfecciones de la identidad, y el ingrato abismo de la página en blanco. Sabed que el peligro está en no definirse, en no escribir, en no ventilarse, en no mostrarse, en retener cohibiendo eso que más bien que elegir, descubrimos con cada trazo. ¡Descubráis quienes sois en vuestras letras!

 

Niño Burbuja

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