Murmullos de Antes

Escrito por el 08-10-2014 en Literatura de Combate

 

 

Música de Ágata 5.

 

Olvidar…, olvidar es tan sencillo como todo lo que próximo o no a perder las cosas de la memoria puede en este mundo o no puede hacerse; muy difícil, pero más, y más, y más, y más crípticamente… eso, difícil; descabelladamente utópico, no, utópico no, lo inverso utópico, más aún, lo sólo asintóticamente utópicamente utópico de las asíntotas; infinitesimalmente probable, y remoto, y desesperadamente formal, es decir, pasional pero asidero sólo en el plano infinito de los ideales, y por tanto imposiblemente absurdo de lo imposible…: indecible, inaprensible, poco menos que imposible; es más, olvidar es lo exacto que lo olvidado; igual meridiano que lo impensable, y aún así, en toda su exasperante evasividad, rezumante escurridizo de grimosa aceitosidad, es con todo igual de dado que recordar… Porque recordar sí es un reto, un cuartel de entrenamiento para mentes pugnaces; tan agobiante de lo cifrado, tan enmadejado, tan comprimido y sellado, y tan atribuladamente embrollado de prolongaciones en red, y contrapuntos anudados, y de hilos cortados, y de bucles oblicuos, y de lazos involuntarios deshilachados, y de cruces aparentes, y trayectorias tramposas, y de trampas concatenadas por conductos aviesos…,que hasta lo veo desde lejos, y con los ojos entrecerrados,… uniforme, eso es, compacto, sí…, sencillo, fácil, asidero: por eso no hay nada más radicalmente sencillo que recordar, o que olvidar… ¿Te acuerdas?, dime por favor, ¿¡te acuerdas!?; estoy casi al punto de difuminarlo y necesito, necesito que lo evoques tú por mí, aunque creo, si lo intento, que pudiera representarlo; ¡qué demonios!, lo veo nítido cristalino igual que dos manos entrecruzándose  por entre el torrente sanguíneo que puebla de metabolismo mi sistema nervioso; alzándose al violento arriba desde la médula en un chorro incontenible efervescente de las bajas sensaciones hacia mi sensibilidad visoperceptiva: qué puñado tan inútil de tejidos fibrosos y de trozos de carne conjuntiva sináptica si no pueden guardarme en esta carcasa cálcica antrópica más que una mole cumulativa de arbitrarias intuiciones… Ninguna memoria; ninguna memoria…  Esta parodia no es verosímil…

 

Olvidar es para mí, que olvido y temo olvidar por qué lo olvidado teme olvidar que lo olvido, para mí, ahora, una necesidad estructural; porque recordardar es imposible, pero recuerdo sólo demasiado bien cómo mi cráneo, que recuerdo ser entre todos los regalos que me dio mi madre con mucho el que menos he sabido agradecerle, se rompió contra el suelo; preguntándome después, así, descabezada…: “¿vertiendo sobre el suelo qué?”. He teñido el negro suelo de recuerdos felices enrojecidos; y bañado la calzada industrial del regusto ferroso y sanguíneo y rojizo de mis preferencias primeras; ese suero dulce y vampirofílico donde se diluye ambiguamente lo que he visto o aprendido a ver bueno de mano de mis maestros lo he derramado por la cabeza también; también he sangrado las lágrimas de amores sinceros y simulados; de lecciones inefables de aprendizaje casual gratuito; y de tramas y reproches, y de embustes y sentimientos que quise llamar sinceros también a la vista, que recuerdo ser ahora envidiosa, de que otros parecían irresistiblemente hermosamente ser sinceros, y que ahora, de plasma, nutrientes, y de partes moleculares cobrizas de mí misma, por fin, sobre el pavimento, han conseguido verterse objetivos… Y ahora, ahora que me fuerzo a reanudar este momento cualquiera para engañar a otros, que no a mi misma, llamándolo punto de inflexión, lo que quiera que tú, Andrés, hayas significado para mí, hace tiempo se coló por la grieta del sumidero del agujero de un orificio que quizá mi cráneo abrió sobre el sucio suelo… Y por más, por más que te resuene rotundo y sentencioso lo que pierdo a borbotones  de los servidores venosos de mis preciados recuerdos, la conciencia siempre ha sido el patrimonio prestado de un Dios supremo que tú que eres moderno consentirás que denomine individuo… La unidad…, qué ficción tan absurda y tan volátil; pero también que rotundamente real, ¿verdad? Ven, amor mío, vente conmigo aquí, aquí por debajo del mundo y verás que es todo de veras una gelatina humanoide sentenciosamente uniforme; y si yo no soy suficientemente resolutiva es porque no quiero entender que nunca me has pertenecido, y eso a mí que te amo me parte y me desintegra; porque quiero de verdad ser una cosa contigo pero no de todo lo demás. Está bien, olvidar es una absoluta chorrada pero hay que engañar al tiempo, y si esto es lo único, lo único cabal que hasta ahora he dicho, ¿te importaría decirme por qué me estoy muriendo de pena? He ahí mi constante: sigo muriéndome de puñetera pena desde antes incluso de haberte y haberme conocido; y yo, que mancho de rojo tintando de grana hasta el suelo de los zapatos, no consigo del todo olvidarte…; ni recordarte…

 

Niño Burbuja

 

Próximamente… “Seguir el Compás”

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