Un Enfoque Personal

Escrito por el 10-7-2012 en Literatura de Combate

Historia de la Escritura.1

Yo no recuerdo cuándo empecé a escribir; si me apremio a recordarlo sólo paladeo muy difuminadamente lo profundamente artificial que se me aparecían la sujeción del lapicero, la calibración  de la presión de la punta sobre el papel, y el trazado de la secuencia  de signos contra-intuitivos.

Una disciplina viciada por ostentosa, demasiado introspectiva; un antojo de eruditos aislados; tirano de ensimismados; una gimnasia de muñeca, ociosa, necesitada de ventilación, que demanda a voz en grito un paseo al aire libre; un capricho impositivo; caramelo de lánguidos reflexivos; un placer que no puede ser animal; un deleite escribano, farisaico, intelectualista; compuesto de ideas muertas, cadavérico, plomizo, adictivo y poco peligroso… esto debía yo prefigurar en mis reticencias a incorporar esta ciencia de las palabras escritas, sin palabras aún para contestarla.

Menos clamoroso, mucho más sumiso, me presté entonces a adentrarme, sin elegirlo, el sendero del discurso estático, y de la constancia consignada de todos mis pensamientos; ¿en pro de su perfección?

Si algo despertó al punto en mi intuición este dudoso placer fue la estupefacción de comprobar cómo, justo al término de escribir, lo que quiera que plasmara dejaba de pertenecerme. De pronto ya no era mío, correspondía a otra identidad, que todo lo más fue fugazmente mía; inmediata, sí, pero pretérita, otra, distinta, extraña,  mercenaria: “¡Eso que hay allí escrito no es mío!”. Y cuanto más tiempo transcurría más experimentaba su otredad, y tanto más sorpresivo e intrincado juzgaba su contenido; más y más me veía compelido a descifrar la enigmática aspiración de aquellos trazos; y con gradual escalada de dificultad desentrañaba la finalidad de lo prescrito: ¿Qué quería yo, su autor, decir exactamente?; ¿lo sabía siquiera al momento de signar de tinta el espacio blanco?

Hay algo profundamente discordante en la escritura; tantas y tantas estanterías de papel tintado. ¿Hay algo de preservar en esa abrumadora combinación de letras? ¿Es siquiera asequible abordar ambiciosamente una parte minúscula de su estructura?  Lo tendréis por una respuesta trasnochada, pero, en mi experiencia, nunca me acuerdo de escribir cuando estoy feliz; si el sentimiento es compartido, ¡qué testimonio tan sórdido encierra tanto monumento literario!

Niño Burbuja

One Comment

  1. Me alegro mucho de que hayas vuelto a publicar. Este escrito es de sólo hace un par de meses,¿por qué bajo “el niño burbuja”?

    Yo había pensado que era al contrario: que no consigues escribir cuando estás triste…

Submit a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *