¡Al Desguace!

Escrito por el 02-7-2011 en Periodismo de Provocación, Yo Canto a la Vida

YO CANTO A LA VIDA

Me contaba hace un par de semanas mi gran amigo Juancho lo contento que estaba con el nuevo coche que acababa de estrenar. Es verdad que estrenar un coche suele ser un acontecimiento muy reseñable dentro de la familia. Se celebra con ilusión y alegría aunque no alcance la dimensión que tenía décadas atrás cuando el parque de automóviles  era cuatro veces menor.

La sociedad de consumo y los avances tecnológicos han conseguido que la inmensa mayoría de los    ciudadanos puedan acceder  a los bienes que antes estaban  reservados a una clase privilegiada.

En la actualidad, a pesar de las crisis que puedan entorpecer el normal funcionamiento de la sociedad en momentos puntuales, la escena del estreno de un automóvil se repite con relativa frecuencia en la vida de las familias.

Sin embargo, para mí comenzó a ser un motivo de reflexión el último estreno, el último coche nuevo. No es por nada, me ilusionó mucho estrenarlo, de verdad, pero por primera vez me  acordé del coche anterior. Y me acordé mucho de él…porque lo tuve quince años y me fue fiel siempre.

Cuando cumplía los trámites exigidos y rellenaba los papeles que el operario me entregaba, le pregunté con  curiosidad y un poco de temor…qué iban a hacer con el coche.

–          ¡Al desguace! Me contestó con rotundidad y con gesto despectivo.

Me sentó mal tanta prepotencia y seguridad y me quedé con los papeles en la mano y viendo como hacían la maniobra de poleas y cables para subirlo al camión. Me dio tanta pena que me acerqué al funcionario diciéndole que me había dejado algo en la guantera. No era verdad, solo quería abrir la puerta, abrir la guantera, tocarlo, despedirme de él, que viera que me gustaría guardarlo en algún sitio próximo  a la familia que él conocía. Pero no podía ser. Lo acaricié sin importarme que el operario me catalogara como un demente. Cuando creí que tendría que tener un encuentro desagradable con él, me miró muy indulgente y me dijo:

–          ¿Cuánto tiempo lo ha tenido?

Le miré a la cara. Su semblante adquirió una expresión mucho más tierna y cordial

–          Quince años. Ha estado conmigo quince años.

–          Es que se los quiere, al final se los quiere, ¿verdad?

Se metió en la cabina y con la  mirada de despedida, abrió la puerta y antes de cerrarla, me tendió la mano para desearme suerte. Yo también le di mi mano y le pregunté…fingiendo desinterés,

–    Y ¿a qué desguace?

–    A la carretera de Colmenar.

Cerró la puerta de la cabina y moviendo la mano en gesto de despedida, arrancó su camión. Subí  los escalones de acceso a mi vivienda para ver mejor  el coche sujeto con los anclajes correspondientes.

Me pareció una despedida fría, sin alma. El coche tenía que estar muy triste y decepcionado con los que teníamos que estar más cerca de él. Recuerdo que el día que nos lo entregaron en el concesionario, los cuatro integrantes de la familia fuimos a recogerlo. La ilusión y la alegría se notaban a legua.

Sin embargo ahora solo estaba yo. Y porque tenía que formalizar un trámite. ¡Qué diferencia!

Seguro que, de camino al desguace, iría dando un repaso a su vida. Yo creo que meditaría sobre la injusticia de la vida. El había dado todo por sus dueños y los hijos, sobre todo los hijos. Nunca se quejó de nada. Si le obligábamos a maniobras peligrosas, si le llevábamos por caminos pedregosos,

si en pleno verano le aparcábamos al sol, si le obligábamos a aguantar a muchos grados bajo cero. Todo lo soportaba y con buenas maneras. Por eso me pareció muy triste su despedida. Sin alma.

Quince años compartiendo alegrías, tristezas, euforias, disgustos, secretos, complicidades, encuentros y desencuentros, merecen algo más, ¿no les parece?

Por eso mismo, hoy quiero dedicarle unas líneas como una despedida más personal. Lo merece.

Estoy convencido que mi viejo coche, el Golf, mi Golf, estaba muy deprimido, muy decepcionado.

Y no es justo porque su comportamiento fue intachable. En él aprendieron a conducir los más jóvenes de la familia y no tuvo nunca un mal gesto hacia ellos. Es más. Les perdonaba todo. Y eso es algo que ni  quiero ni puedo olvidar.

Nos llevó a las mejores estaciones de esquí. Los Alpes, Pirineos y Sierra Nevada.

Óyeme, mi Golf:

Los largos y cargadísimos viajes a Los Alpes  a toda marcha, fueron exámenes que pasaste con nota muy alta. Muchas veces te obligaba a circular por carreteras heladas sin cadenas y me libraste de patinazos y de golpes.  Recorrimos la Península Ibérica y nunca pensábamos en ti, aunque supongo que disfrutarías de los paisajes, ¿no? Conociste las mejores playas, sobre todo las de la cornisa cantábrica. ¿Recuerdas El Sardinero, La Salvé, Ris, Berria?. Sobre todo, Berria. Allí, además, siempre te encontraba algún sitio a la sombra y en primera línea de playa, ¿no es un detalle?

Una madrugada, regresando de París a todo trapo, te rompiste y tuvimos que acudir a un hotel para hacer noche. Fue culpa mía. Nunca pensé en otro aceite que no fuera el de cocina.

Después me dijeron que no se puede hacer Madrid-París, ida y vuelta en poco más de un día.

Dicen que París necesita más tiempo, más respeto y dedicación. Estoy de acuerdo.

Recuerda también la cantidad de veces que te he lavado “personalmente” con los mejores productos. ¡Cómo te pasaba la esponja rebosando espuma!  Me conocía todos las “rayajos” y “motitas” de tu cuerpo. Pero es verdad, dejarte solo, abandonado así, sin más, es de una ordinariez y falta de sentimiento que me duele. Si hubiera tenido un trocito de tierra te hubiera llevado allí, de verdad, pero es que no tenía ningún espacio para ti. Lo siento.

Pasaron los meses y ya quería a mi nuevo coche. Estábamos conociéndonos, como se dice ahora..

Recorrimos los mismos lugares que frecuenté contigo. Pero ahora, viajaba solo. No es lo mismo.

Sí, ya sé que no es lo mismo, pero igual que ya no se fabrican los coches de antes, tampoco encuentro la compañía que tenía antes. No sé si es que ya no se fabrica o es que no la encuentro.

Un día, paseando con uno de mis hijos por las proximidades de mi casa, pasó un coche muy cerca de nosotros y aparcó al lado. Era igual que mi viejo coche. Nos miramos, sin decirnos nada. Estuvimos así un tiempo. Yo, descaradamente, no quise romper el silencio. Deseaba que fuera él quien lo hiciera.

Y por fín, después de mirar y mirar el coche, me dijo: ¿Te has dado cuenta, papá?  Es exactamente igual que el nuestro. Todavía me acuerdo de él. ¿A ti no te pasa?

– Claro que me acuerdo, hijo, pero no creía que vosotros acusarais su falta.

-Pues claro que nos acordamos de él. Como que hemos intentado saber donde está.

-Entonces vamos mañana al desguace de Colmenar, ¿de acuerdo?

Pasaron unos días y una mañana llegamos al desguace. Fuimos en mi coche actual y entramos en la oficina. Después salimos al solar donde se amontonaban los coches y nos pusimos a mirar con el operario encargado. Llovía intensamente. Unos minutos después, oigo la voz de mi hijo:

– Papá, ven aquí, mira…

Llego al lugar en que se encuentra mi hijo y miro con todo interés a mi viejo coche. Me dio un poco pena. Estaba sucio, lleno de barro con miles de abollones y los cristales rotos.

Después de hablar con el encargado, muy amable nos obsequió con la  pelota de golf negra que remataba la palanca de cambios. Agradecí el detalle al responsable del desguace. Muchas gracias.

No sé por qué no se nos ocurrió a ninguno antes. Nos despedimos y volvimos al coche de ahora.

Estaba en un terraplén, cuesta abajo. Los faros, sus ojos, miraban al suelo y a causa de la lluvia, parecían llorar de agradecimiento por la visita que acabábamos de hacer. Bueno, habíamos visto nuestro viejo coche juntos, habíamos compartido sentimientos y nos llevábamos un recuerdo.

Nos metemos rápido en el coche por la lluvia. Estábamos contentos. Se oye la música….. “llueve y está mojada la carretera….

Carlos V                                                                                   29-06-11.

 

5 Comments

  1. Jo, qué sensibilidad. Es verdad, las despedidas, el desarraigo es un sentimiento tristísimo. ¡Qué bonito, qué bonito!

    • CON ESTE ARTICULO TAN LLENO DE AMOR Y TRISTEZA, SE ME CAEN LOS PALOS DEL SOMBRAJO, SE ME HACE “BOLA” EN EL ESTOMAGO Y SE ESCAPAN UN PAR DE LAGRIMITAS, Y COMO UN TONTO LE DOY UN BESO A MI VIEJO COCHE, Y PROMETO QUE ANTES DE CAMBIARLO, LO PENSARÉ,NO SÉ QUE PENSARA ALGUIEN SI PRESENCIÓ LA ACCIÓN, PERO NO ME IMPORTA, ME EMOCIONASTE. BOLO DE ESPAÑA.

  2. Que lindo, me hace recordar viejos tiempos…
    Sólo que en mi caso era una moto Honda, y la pobre terminó mal.

  3. MUY BUENO EL ARTICULO Y SOBRE TODO EL CONTENIDO COMO SIEMPRE LLENO DE PASION Y SENTIMIENTO TE FELICITO
    ESO NOS PASA HASTA CON LAS PERSONAS QUE LAS DEJAMOS DE LADO POR QUE NOS PARECE QUE VAMOS A ENCONTRAR ALGO MEJOR Y TERMINAMOS HECHANDOLES EN FALTA AL FINAL

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