¡Como han pasado los años!

Escrito por el 11-11-2011 en Periodismo de Provocación, Yo Canto a la Vida

5- GENTE ENCANTADORA

– Papá, que llames a este número de teléfono para ponerte en contacto con un antiguo amigo tuyo. Me parece que me dijo de parte de Rafael López, o algo parecido, no sé, llama y…

– ¿No te ha dado más datos?.Bueno, vale, es igual. Le llamo esta noche y se acabó.

Esperé a la noche para llamarle a su casa y despejar incógnitas. Lo hice con bastante deseo de hablar con un antiguo compañero. No sé si sería compañero de estudios o de servicio militar, del barrio o del trabajo. Yo siempre estudié en internados, tanto el bachillerato como la carrera. Por lo tanto es posible que fuera un compañero de estudios. De cualquier manera, me hacía mucha ilusión tomar contacto con alguien que compartió conmigo otros momentos de la vida, no sé si meses, años, si de adolescencia o juventud.

Confieso mi pasión por conversar con personas que fueron amigos en otras épocas, vivieron junto a nosotros otros momentos, quizá muy duros, de rigor, trabajo y disciplina, es verdad. Pero no es menos cierto que todo eso, junto a las carencias de una sociedad que empezaba a subirse al tren europeo, se suplía con abundantes dosis de compañerismo, de “buen rollo”, como se dice ahora.

Y llenos de ilusión y sobre todo, de esperanza. Por lo menos, yo lo viví así.

La llamada al teléfono anunciado me aclaró todas las dudas. Era un compañero de carrera que, después de muchas consultas, había conseguido dar con el  número de teléfono de una casa de verano en la sierra de Madrid. Toda la conversación estuvo llena de recuerdos imborrables, de

preguntas sobre el discurrir de nuestras vidas, nuestra situación familiar y …, de todo.

Nos atropellábamos continuamente con preguntas y más preguntas. Parecíamos tertulianos de radio y televisión. Por supuesto, teníamos muchas cosas que decirnos, muchas preguntas que hacernos… Pero, vamos por partes.

Resulta que se había celebrado en un hotel de Madrid un encuentro o reunión entre aquellos que fueron localizados y pudieron presentarse. Hicieron gestiones para avisarme pero no fue posible.

Sin embargo, los intercambios de información y la constancia detectivesca de alguno de los que acudieron, consiguieron el teléfono que facilitó todo lo demás. También confeccionaron un listado de todos los componentes de la promoción. De esta forma tan sencilla, quedó solucionado el problema de la comunicación entre todos nosotros. Todos teníamos los datos de todos.

Pero como yo no había asistido a ese encuentro en Madrid, estaba un poco huérfano de noticias de unos y otros. Y me parecía mucho tiempo esperar a Septiembre. Esa es la razón por la cual me he comprometido a contactar con ellos antes de fin de año. Unas veces será por teléfono, otras por mensaje, correo y hasta con presencia física. Para mí, vale la pena.

He tenido que explicar a mis hijos los motivos que potencian mis ganas de hablar con aquellos que compartieron conmigo tantos momentos inolvidables. La verdad es que me han escuchado las anécdotas y vivencias de una vida muy singular con toda atención y respeto. Una vida presidida por lo que hoy llaman valores. Antes lo llamábamos virtudes. El honor, el respeto, la lealtad, el compañerismo, la generosidad….Dicho así y ahora, suena a ñoñería, ¿verdad?.

Con algunos he hablado por teléfono varias veces y con otros he establecido un primer contacto.

Y con Antonio me tomé unas cañas. Resulta que vive en Madrid, a escasos metros de mi casa. Todos estos contactos me han producido una satisfacción inmensa y una enorme alegría.

He querido comunicar a mis hijos todas estas sensaciones, para que comprendan las razones de mis posicionamientos y juicios de valor cuando tocamos ciertos temas.

Ellos creen muy exageradas mis consideraciones sobre algunos acontecimientos, hechos y asuntos de más o menos actualidad. Sobre todo cuando debatimos sobre la  reciente historia española. Ya no quiero aguantar tantos “leídos y escribidos” y tanto erudito a la violeta.

Conversar y charlar con los compañeros de hace cincuenta años me ha permitido recuperar ilusiones y confianza. Me hacía mucha falta. Está uno muy harto de escuchar y leer las enormes falsedades y barbaridades que se cuentan de la España del siglo pasado. Mentiras y mentiras sin que nadie de prestigio sea capaz de ridiculizar y rebatir tanta zafiedad y cobardía.

En ciertos momentos, algunos alumnos me han llegado a preguntar que si me pegaban a mí en los colegios, si eran encarcelados los homosexuales o si todos éramos unos pobrecitos que sufríamos palizas por parte de profesores, policías y guardias civiles.

Los bombardeos políticos por parte de medios de comunicación, cine, teatro y televisión, han sido una sarta de mentiras que, muchas veces pienso,  que yo he vivido en otro país.

Yo he estudiado el bachillerato en una de las zonas de nuestra geografía que podíamos enmarcar dentro de la España profunda y nunca me sentí acosado por ningún fraile ni por ningún cura. He tenido unos profesores maravillosos, sabios y contagiando deseos de aprender. Las monjas que me enseñaron las primeras letras eran una bendición. Guardo un emocionado recuerdo y constato la vocación pedagógica que demostraron en todo momento. Nunca me agredió ningún profesor, pero si lo hubiera hecho, no se lo hubiera dicho a mi padre, desde luego.

Ahora estamos viviendo la época de “pájaros contra escopetas”. Es la época de los enanos y de los mediocres. Cuanto más analfabeto y caradura, mejor. Eso de valorar los éxitos académicos, los números uno de oposiciones como algo positivo, hay que desterrarlo. Es de fachas. No se puede consentir. Todos tenemos que ser iguales…etc, etc… Ya se sabe, lo políticamente correcto.

Repasando discursos y comentarios de las gentes que hablan de los años cincuenta y sesenta, no puedo soportar tanta estupidez. Cada época tiene sus peculiaridades y es muy arriesgado comparar unas etapas de la vida con otras y unos tiempos con otros.

Pero de ninguna manera se puede decir desde las cátedras, las tertulias, los libros y las películas, que la sociedad estaba sumida en la tristeza, la pobreza, la falta de libertades y las persecuciones de los guardias, por unas u otras razones.

Varias tardes he recorrido con mis hijos las calles, plazas, cines, bares, bailes, cafeterías y los lugares más frecuentados. He recordado vivencias de todo tipo, situaciones de lo más pintorescas,

episodios que todavía hoy provocan carcajadas. La mezcla de la disciplina, el rigor y la seriedad por un lado y  el ingenio, la alegría y la habilidad para salvar obstáculos por otro, originaron situaciones de increíble comicidad.

Como si fuera la banda sonora de la película que les estaba contando, fui entonando las canciones que  animaban nuestros bailes y  acaparaban las audiciones musicales. La música italiana, con Carossone, Modugno, Tony Renis, Rita Pavone, los franceses Becaud, Sacha Distel, Montand, Edith Piaff, nuestro Duo Dinámico, los Cinco Latinos… Sería interminable citar a todos, pero qué momentos de felicidad nos dieron los ídolos musicales. La música tuvo una gran importancia en nuestros años jóvenes. Bastaría con recordar que nos despertábamos oyendo la “Serenata para cuerda”, de Tschaikowsky.

Reconozco la nostalgia que me invade al evocar esa época. Con muchas carencias, con muchas necesidades, sí, pero con una grandísima alegría de vivir y de estar con los compañeros.

Por eso, por los gratos recuerdos que llegan a mi memoria, a veces  he aparcado el coche y he caminado por los lugares que aún existen, bares, comercios, escaparates y kioscos que entonces conocí. Era como una visita a una parte del pasado. Tomar un café con él y saludarlo.

Tengo muy claro que debemos encontrarnos, vencer la pereza y  …vernos, y…hablarnos. Yo lo voy a hacer, estoy decidido, porque hay que ver…”Como han pasado los años “.

Carlos Velasco                                                                                         9-11-11

One Comment

  1. Lo peor es cuando, tieenn una cantidad de respetable de seguidores, y tratan de meter ideas poledticas (y movilizarlos), ajenas al contenido del blog, aunque este sea de contenido chusco.

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