Pero, ¿qué es eso de “la paz”?

Escrito por el 07-7-2011 en La vida Sigue Igual, Periodismo de Provocación

LA VIDA SIGUE IGUAL

Hace algunas semanas escribía en esta misma tribuna sobre aquellas palabras que nuestros políticos y sus allegados interesados han puesto de moda. Son palabras que significan un salvoconducto para circular por todos los foros de la progresía. Cuando se oyen o leen estas palabritas, debía ser obligatorio santiguarse y rezar una jaculatoria mirando al cielo. Eso, los católicos. Los de otras confesiones, que  actúen como tengan que  hacerlo.

Ya hablamos en su día de LA IGUALDAD. Es como el linimento “sloan”, algunas dolencias  pueden ser aliviadas, pero deja un olor….Y si encima, esa igualdad no es justa, ya me dirán.

Hoy vamos a hablar de LA PAZ.

Desde que el Sr. Zapatero llegó al poder, el uso y abuso de esta palabra, a mí me desconcertó.

Es una auténtica ñoñería, propia de mojigatos y eruditos a la violeta. La palabra PAZ no tiene más significado que la ausencia de guerra declarada, ni siquiera ausencia de guerra real.

Recuerdo un día que visité a un gran amigo en el colegio en que ejercía su magisterio. Aprovechamos la hora de recreo para conversar. Cuando llevábamos hablando unos minutos, le hice una reflexión sobre lo bien que estaban los alumnos en el recreo, divertidos, jugando, comiendo el bocadillo y  charlando. Me miró fijamente, hizo una pausa y me contestó:

– No seas simple, por favor, Carlos. Estamos vigilando los profesores el recreo porque nada es lo que parece. Todo eso que dices es verdad, pero mentira. Como en la política. Mira, los que están jugando al fútbol, resulta que han quitado el balón a los más pequeños. Algunos también  les han quitado el bocadillo y además les han amenazado por si alguno “se chiva”. ¿Te va sonando a algo?. ¿Podemos hablar de paz, porque, en apariencia lo parezca?

–  Sí, claro, te entiendo. Ese abuso de poder  esconde la verdad.Y ¿qué vais a hacer?

–  Esta tarde nos vamos a reunir los representantes de los estamentos educativos, entre ellos los padres, para, a partir de mañana, poner fin a este problema.

Ni que decir tiene que, a partir de ese día y de esa anécdota, cuando oigo hablar de “paz” a los políticos, los imagino como una plaga desgraciada que tenemos que asumir. No puede ser tan fácil para una persona o un colectivo, engañar a nuestros gobernantes. No puede ser que cualquier ciudadano o asociación delictiva parezcan escogidos entre los más listos de la clase y nuestros gobernantes y políticos parezcan reclutados entre los peores de la clase. En lo que nuestro Gobierno llama “proceso de paz”, los terroristas tienen moral de vencedores y todo parece indicar que imponen sus condiciones. Vamos, que están ganando el partido.

Algunas veces pienso si nuestros políticos debían superar una batería de pruebas para que los ciudadanos tuvieran la confianza absoluta en la capacidad de sus representantes. ¡Qué bueno sería que fueran unos buenos jugadores de cartas, billar, dominó y hasta de futbolín! Porque estamos cansados de verlos por televisión ofreciendo el aspecto del que pierde al mus, al tute, al billar y se ha quedado con el seis doble ahorcado. Es angustioso el comportamiento de los terroristas en la Audiencia, en las calles y plazas, exhibiendo prepotencia mientras los poderes públicos se sienten postergados, miedosos  y abandonados.  En nuestra Constitución no hay ningún artículo que les otorgue las iniciativas políticas y sociales a los grupos que se  confiesan anticonstitucionales. Tampoco hay ningún artículo que diga que hay que contar con ellos, incluso pedirles  permiso, para hacer valer los valores constitucionales.

Relativizar todos los problemas para huir de la verdad, está pasando las líneas rojas.

Dar más cartas a los violentos independentistas que a los demócratas, es prueba de un miedo escatológico y de un complejo de culpa que impide un diálogo en términos de igualdad

El llamado “proceso de paz” es posiblemente la demostración más clara del miedo físico y político que nuestros gobernantes tienen a los independentistas.

A este “proceso de paz” hay que añadir alguna que otra frasecita que nos permitía anticipar

los planes o propósitos del Gobierno

Aquello del Presidente del Gobierno, “Otegui es un hombre de paz”, nos da una idea sobre  la consideración que nuestro Presidente  tiene de dicha persona.

Otra frasecita, “habrá que ensuciarse las togas con el polvo del camino”, nos revela un poco “la firmeza” de la administración de justicia. Y acaba corroborando este razonamiento otra de las “perlas”,…”conforme vaya la jugada”. Y podíamos seguir.

Estamos viviendo unos años en que se ha cambiado la búsqueda de la verdad como actitud  referente, por el “apaño”, el “pasteleo”. La verdad es un incordio, ¿verdad, señores de la clase política?  Y si alguien descubre algo que pone en duda la rectitud de otros, es, por lo menos, un mal compañero. Sus  majestades, los partidos políticos siempre tienen razón y hacen las cosas bien. Y los que ponen pegas es porque no son demócratas. ¡Toma castaña!

Menos mal que, en los tiempos que corren, la tecnología deja constancia de todo ello con pruebas irrefutables.  Si no fuera así, no  creería nadie lo que estoy diciendo. Un día, cuando se

hayan apagado las luces de estos años de festejos y cambalaches, habrá que pararse a juzgar esta impresionante demostración de cara dura y desfachatez, eso sí, colegiada.

Señores/as de la política, la paz no será nunca un “desideratum”, más que cuando se está en guerra declarada. Solo en ese caso. Y hoy ya, las guerras, ni se declaran.

Todas esas palabras, la igualdad, solidaridad, tolerancia, compromiso, paz y consenso, son los salvoconductos  que nuestra clase dirigente utiliza para quedar siempre como “los buenos”

Es como el certificado de progre o la bandera blanca de las guerras de Gila. Es el “buenismo”.

Lo que sí son valores fundamentales son la JUSTICIA y la LIBERTAD. Lo demás son ganas de marear la perdiz para esconder ejecutorias propias de analfabetos funcionales.

Y son tan fundamentales estos valores que vale la pena luchar por ellos aunque sea a costa de la propia vida. Pero ¿la paz? ¿cuál? ¿la de los cementerios? ¿la de las dictaduras? ¡Venga ya!

Quien es capaz de morir luchando por la libertad y la justicia, puede perder la vida, pero ha ganado el valor más fundamental del ser humano, la DIGNIDAD.

Tenemos por tanto muy claro cuales son los valores fundamentales que deben presidir la ejecutoria política de los gobernantes, la libertad y la justicia. Y como consecuencia de la lucha por conseguir o mantener estos valores, alcanzamos el otro valor, la dignidad.

Al lado de estos planteamientos, mantener diatribas sobre temas artificiales, entretenernos con debates como calderilla de una propina, son divertimentos de menesterosos.

Estas consideraciones son válidas para el análisis de las  personas, de los países y del conjunto de naciones que integran nuestro planeta.

Me asalta una duda al juzgar a algunos países.  ¿Pueden considerarse dignos, aquellos habitantes de países que soportan una situación de opresión, de injusticia y no se rebelan?

Seguiría con otras preguntas. ¿Tendrían fuerzas y medios para hacerlo?

Aquellas naciones que tienen medios, ¿tienen obligación moral de ayudar a las que no tienen?

Esas preguntas las contestaremos otro día. Gracias por llegar hasta aquí.

Carlos V.                                                                             06-07-11

3 Comments

  1. Qué razón tienes y qué bien te expresas. El artículo no puede ser más esclarecedor. Con gusto se llega al final.

    • ME ENCANTA ESA NARRATIVA, CON LA QUE NOS OBSEQUIAS DE VEZ EN CUANDO,PORQUE ESTOY EN TODO DE ACUERDO CON TUS ESCRITOS, LLENOS DE VALENTIA, GALLARDIA Y MÁS,QUE ÚLTIMAMENTE ESTÁN EN DESUSO, AHORA HAY MAS MARICOMPLEJINIS Y NO SE LEEN LAS COSAS TAN CLARAS, COMO TU LO HACES, NO TE DESANIMES Y SIGUE CON TUS ARTÍCULOS, GRACIAS. SOY ESPAÑOL Y BOLO.

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