Quedan días de verano…

Escrito por el 27-8-2011 en Periodismo de Provocación, Yo Canto a la Vida

2. GENTE ENCANTADORA

He pasado unas semanas fuera de mis costumbres y horario habituales. Las vacaciones estivales y los condicionantes familiares imponen un modo de vida distinto al de las otras estaciones. Yo llevaba ya un tiempo sin hacer mi recorrido habitual en el parque. Los circuitos que indican las distintas opciones de actividad física los había abandonado. Y me hacía ilusión encontrarme con las personas a las que estaba habituado a saludar aunque solo fuera con una palabra o un gesto cordial. A veces, aunque sin saludo explícito, estoy seguro que pensamos en nuestro interior…¡ah, mira el de las zapatillas rojas, se ha cortado el pelo!, ¡anda, si también ha vuelto el de la coleta, tiene mucho mejor aspecto!, ¡mira, qué moreno ha vuelto el de la cinta!…

Yo sigo con mi suave carrera al mismo tiempo que voy observando a mi alrededor. El parque está limpio y los árboles y plantas no pueden tener mejor aspecto. También, a estas horas, la temperatura es ideal. Hasta se percibe el suave olor de las coníferas. El silencio permite oír el ruido de las pisadas y el agitado vuelo de los pajarillos entre los árboles.

Ahora veo por delante de mí a una señorita preciosa, aunque solo la veo de espaldas. Andando como lo hace ella, tiene que ser guapísima. Va de paseo con su pequeño foxterrier y pendiente del simpático perrito. Al llegar a su lado decido dejar la carrera y empezar a caminar. No sé si hubiera terminado la carrera de no haber visto a la señorita de paseo, pero la verdad es que, al verla, tenía que dejarlo. Cuando la naturaleza lanza una voz y proclama un “aquí estoy yo”, lo que debemos hacer es confesar nuestra humildad y pararnos a contemplarlo.

La señorita llevaba puesto un vestido de andar por casa, suave, ligero, cómodo. Bueno, eso es lo que me parecía  a mí. La pequeña brisa de la mañana le cacheaba su moldeado cuerpo. El pelo lo llevaba recogido con alfileres y horquillas. Se notaba que bastaba un leve gesto para que se soltara y se derramara por la espalda. La observé detenidamente con enormes deseos de decirle que… no sé, que tenía una suerte loca por ser tan bonita. Parecía que había salido de la ducha hacía un minuto. Me acerqué a ella. No tuve más remedio que decirle algo. Y fue lo siguiente:

– Señorita, estos perritos son muy presumidos, les gusta llamar la atención y si le trae al parque con usted, a él no le va a mirar nadie. Compréndalo.

Esbozó una sonrisa de agradecimiento y me respondió:

– Es que mis hermanos no han querido bajarle y como va a hacer tanto calor después, he preferido bajarle ahora …

– No, si a mí me encanta que aparezca usted por aquí, señorita y ojalá que coincidiéramos todos los días. Lo digo por el perrito. Yendo con usted, la gente no se va a fijar en él. Perdone, pero su  belleza llama la atención y el perrito pierde protagonismo. Bueno, me voy a presentar. Me llamo Carlos. Vengo con mucha frecuencia a este parque a pasear, correr, leer….

– Yo me llamo Julia o Yulia y …vengo a…pasear el perro que se llama Risco.

– Pues…,qué bien ya estamos presentados. La próxima vez que nos veamos ¿le importará que la salude?  ¿y quiere que le llame Julia o Yulia?

– Mis amigos y en casa me llaman Yulia, pero tú puedes llamarme como quieras, ¿te parece?

Y claro que no me importaría que nos saludáramos. ¡Faltaría más!

– Pues encantado, Yulia. Eres un encanto de mujer. Será siempre un placer encontrarte por este parque, andando, corriendo o  leyendo. De cualquier manera va a estar divina. Anímate, los médicos recomiendan mucho estos paseos matinales con este tiempo. Luego, en otoño ya no…

– No te preocupes…”quedan días de verano…” ¿no te parece?. Chao, Carlos

– Adiós, Yulia, que te vaya muy bien. Cuídate mucho que mereces la pena.

Seguí paseando por uno de los caminos principales del parque y en dirección a mi sitio de siempre. Se notaba  aún la ausencia de gentes que aún no habían vuelto del veraneo.

Pasé por el banco que suele ocupar Pepín. Estaba vacío. Me hubiera gustado verle. Quizá venga un poco más tarde o no ha terminado su veraneo. Espero verle dentro de unos días.

Antes de llegar a mi banco preferido me acerco a una de las fuentes cercanas. Dejo correr un poco el agua que sale fría. Ideal para beber un poquito y refrescarse la cara. Me siento en el banco de siempre y me pongo a observar a los que van acudiendo al parque poco a poco.

A los pocos minutos, sin saber por donde se había aproximado, vi un perrito a mi lado que olisqueaba alrededor de mi calzado. Era muy parecido a Risco. Enseguida miré intentando encontrar a su dueño. Y lo encontré rápido. Pero…no era Yulia. Era un señor mayor, muy amable, que me pidió perdón por las posibles molestias del perrito. Le devolví la cortesía y la amabilidad, pero me levanté para marcharme a casa y dar por acabado el paseo mañanero.

Cualquier persona que encontrara me iba a recordar a Yulia. Y la comparación iba a ser siempre insoportable. Yulia me va a durar mucho en el corazón y  en el recuerdo. Puede ser que no vuelva a encontrarme con ella, pero no quiero perder la esperanza. Quedan días de verano…

Carlos V.                                                                                     26-08-11

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