Amistades

Escrito por el 30-5-2013 en Yo Canto a la Vida

“Estábamos juntos, el después lo he olvidado”
Walt Whitman

 

Los tiempos cambian. Nosotros cambiamos.

Puede ser que debido a la lentitud de los mismos, somos completamente inconscientes de las variaciones y contrapuntos que experimentamos día a día.

Hubo una época, marcadamente social y dinámica de mi devenir diario, que hoy, ahora, observo como se deshace grano a grano forzada por la inexorable cadencia del reloj.

Puede ser que deba ser así. Pero no por aceptar su particular corolario y cambiar el rumbo de mi existencia debo suponer que la aceptaré sin más. No, al menos, sin explayarme líricamente al respecto…

Siempre he creído en la existencia de diversos pilares que sustentan una vida plena y satisfactoria. Puede ser que en determinados momentos nos giremos y dirijamos nuestra atención y esfuerzos hacia lo que ocurre encima de la mesa pero siempre, al final, acabamos retornando a ver y agradecer esas “patas” que la sostienen.

Uno de esos pilares, es el formado por las amistades. Ese particular gremio de congéneres y coetáneos que la vida cruza en nuestro camino de la forma más aleatoria y azarosa posible pero que lo suponen todo.

Si además, contamos con la gracia de haber sido partícipe de los grises y claros de un grupo en concreto y hemos experimentado, fallado, superado o vivido los avatares de la vida con ellos. Si hemos sido testigos de la maravillosa complejidad del transcurrir diario en cada una de las partes integrantes de ese grupo en concreto, yo os digo que podéis sentiros afortunados !

Nada hay más profundo y sentimentalmente lacerante que saberse parte, partícipe o incluso causante de los avatares de una persona en un plazo concreto de tiempo. Si además ese sentimiento es colectivo y pertenece a un grupo de personas la sensación es mayor.

Hubo un tiempo, en el que dicho grupo del que yo formaba parte fue más que un compendio de alma errantes que disgregaban juntas a la primera festividad que se presentaba. Eran y son mis amigos.

Gente con la que puedo permitirme el lujo de no pensar en voz alta.

Creía que la natural digresión de los miembros de un grupo al interferir la vida en el mismo, que observaba se daba en prácticamente la totalidad de personas que he conocido al llegar éstos a cierta edad, no nos afectaría.

Pensé, ilusoriamente, que dicha era en la que me hallaba no iba a tocar a su fin nunca.

Recientes acontecimientos, o mejor dicho la falta de los mismos, me han ilustrado en lo quebradizo de una realidad que creí inquebrantable.

Pues un día te levantas y descubres, que ya nada es igual. Que todo ha cambiado.

No es un sentimiento melancólico el que produce sino más bien de añoranza. El saberse parte de una obra de teatro en la que se baja el telón y se cierra el escenario, justo cuando más la estás disfrutando puede ser hiriente e incisivo.

Pero no por ello desventurado.

Pues creo y descubro cuando continúo interactuando con dicha caterva, que aún cuando nos separe ya nuestra forma y estilo de vida. Aún cuando nos separe ya una frontera. Aún cuando nos separe ya un océano. Aún cuando nos separe ya nuestro futuro… nada ha cambiado… todo sigue igual.

Puede ser que ya no compartamos las pequeñas vicisitudes del día a día.

Que ya no estemos creciendo juntos.

Que a cada limitada ocasión en la que nos juntamos ya sólo rememoramos viejas hazañas sin apenas crear nuevas.

Que una era haya tocado a su fin.

 

Pero,

El saber, que aún cuando pasen lustros sin vernos, tener en cada reencuentro la sensación de que siguen ahí como si fuese ayer mismo la última vez que nos vimos, es una sensación para la que no encuentro palabras.

El hacerme consciente de formar parte de un grupo que sabe quien soy y como soy desde mucho antes que yo mismo, es una realidad por la que les estaré eternamente agradecido.

Aún cuando esa bandada esté dispersa por las cuatro equinas y los vínculos parezcan más frágiles que nunca. Aún cuando por dicha senda estén creciendo hierbajos y el camino no parezca tan claro como antes. Aún cuando no parezca que nos esforzamos lo suficiente por continuarnos…

Sabed que yo seguiré caminando esta senda hasta el final.

Pues con vosotros he disfrutado las primaveras y compartido el sufrimiento de los inviernos.

Que demonios, os quiero !

 

Ya está, ya lo he dicho.

 

 

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