Contrapunto

Escrito por el 03-11-2012 en Yo Canto a la Vida

“La vida es simplemente un mal cuarto de hora formado por momentos exquisitos.”
Oscar Wilde

 

 Sin duda, visto con perspectiva, cualquier pequeño lance fortuito que la vida nos depara, aún cuando no sepamos en ese momento lo trascendental de ese instante, tiene en sí mismo una relevancia difícil de ver pero fácil de sentir.

Quizás no seamos conscientes en ese mismo momento del zarandeo y cambio de rumbo al que vamos a ser sometidos, pero algo en nuestro interior, quizás lúcido y despierto por nosotros, se sabe protagonista del acontecimiento y actúa por nosotros, llevándonos en su vuelo a cotas no imaginadas ni pensadas como necesarias en nuestro devenir diario.

Puede ser que por lo agreste, quebradizo e indiferente de este mundo, que acabemos poco a poco e inconscientemente adoptando patrones de conducta que no hacen sino aislarnos en nuestra comodidad rutinaria, parapetados y alejados de todas las bondades que se pueden y deben disfrutar. Que tras abandonar nuestra confortable infancia y adolescencia y salgamos al frio y árido exterior, nos veamos sumidos en un estupor cegador para el cual nunca nadie te prepara.

La vida es difícil, todo el mundo lo sabe. Todo el mundo lleva consigo una lucha interna constante en la que el rival es siempre uno mismo.

Porque, a veces, dejamos que sea nuestra propia luz la que nos ciegue. Porque es ella y no nuestra oscuridad la que más nos asusta. Son nuestros temores y pavores a no creernos merecedores de nuestro destino, los que nos subyugan en una estadía moral atenazadora y subyugante.

Yo me hallaba en ese punto y no era consciente.

 

 

Creía estar sacando lo mejor de mí y no era así. Por motivos ajenos a mi voluntad, o superiores a ella, me había envuelto en un halo oscuro que poco a poco había ido absorbiendo mi naturaleza. No pude o supe ver que diversos acontecimientos, implacables y fatales, que marcaron mis últimos años de juventud o primeros de adultez, según se quiera analizar, habían conseguido arrojarme y aislarme de cuantas posibilidades se abrían ante mis ojos.

Calculé haberlos sobrellevado de la mejor manera posible, siempre avanzando hacia adelante y asumiendo su descarnada realidad para aprender de los mismos y evolucionar. Pero algo hay en nuestra naturaleza melancólica que nos obliga a mirar atrás. Algo no malo en sí mismo, pero sí peligroso.

Durante los últimos años, analizaba y reflexionaba sobre lo que me habían supuesto dichos acaecimientos pensando que ya había llegado a la otra orilla y podía verlos en perspectiva, pero, sin saber que aún seguía en el agua, debatiéndome en el nado por alcanzar la otra ribera.

Tener un árbol delante puede cegarte en averiguar que estás en un bosque.

Por eso, que mirando ahora dichos sucesos y las circunstancias que lo produjeron desde el otro lado del río puedo afirmar que durante todo este tiempo no era yo mismo.

Había dejado que la realidad me sobrepasara y dictara las riendas de mi destino. No contaba ni los días, ni las semanas ni los meses. El tiempo no era más que una ilusión que me hacía suspirar.

 

 

Andaba inerte y abstraído dejandome llevar de un lado a otro sin saber siquiera donde estaba. Triste, melancólico y abatido. Aún cuando me esforzara en saborear los pequeño placeres (esos que motivan el devenir diario y nos permiten mirarnos al espejo cada mañana con aire resolutivo y optimista) soy plenamente consciente de la cantidad de oportunidades que perdí o enterré en el fondo de una cueva.

De los cuales no me arrepiento, pue creo que todo proceso moral y personal que la vida ha interpuesto ante mis planes, me han conducido a mi posición actual. Una posición en la que puedo afirmar, ya con rotundidad y desde la distancia, que ha sido duro, realista e implacable pero ilustrativo.

Que quizás halla aprendido a aprehender.

La naturaleza en su indiferente condición nos muestra ámbas caras de la moneda. Y que puede que halla gente que no quiera saber siquiera de la existencia de la otra, pero en mi caso, sé de la importancia de entender la maravillosa condición de ámbas aún cuando se den al mismo tiempo y sólo nos coloquen en un estado de estupefacción y confusión por la cantidad de posibilidades de toda índole que se pueden dar en su día a día.

Aún siendo de esencia caótica y cruel, dichos momentos de la vida ofrecen el necesario contrapunto contra el que sopesar los de condición más luminosa y amable.

No todo lo bueno ocurre en Primavera.

Decía Murakami que la muerte no existe como contraposición a la vida, sino como parte de ella. Difícil de asimilar desde el exterior y de superar desde el interior. Más hoy encuentro esta aseveración profundamente acertada.

Hay que saber disfrutar de la lluvia aún cuando ésta sea de lo más persistente y no ofrezca remanso alguno al que aferrarse. Que aunque llevemos tanto tiempo a la deriva que incluso olvidemos que nos hallamos en la balsa de la Medusa, tarde o temprano, algún suceso fortuito nos conduce de la mano al gran sosiego de la promesa.

A ese feliz mirar hacia un futuro que no se quedará en simple esperanza. Allí donde toda palabra está vivida, es profunda e íntima. Donde quedamos redimidos de cualquier mala herencia y damos completamente la vuelta a todos nuestros hábitos. Donde nos alejamos de la orilla adentrándonos en tierras empíreas y diáfanas en las que retomarnos a nosotros mismos.

 

 

Yo hoy puedo decir que crucé esos nueve circulos y emergí al otro lado. Consciente y asumido ya de mi propia realidad con todos sus contrapuntos y variaciones. Asumí el inevitable devenir de los acontecimientos como un todo y no como unos hechos aislados de carácter aciago y perturbador. Citando a Carol Oates… La tragedia puede ser una experiencia que ilumine el carácter.

Me ha llevado casi un lustro hacerlo y no podría haberlo hecho sin uno de esos lances fortuitos que el destino o la casualidad nos tiene preparados.

Fué hace un año cuando todo cambió. Yo cambié. Abrí los ojos o me dejé abrirlos. Salí del sueño de Odín y desperté de nuevo. Entendí que es necesario despojarse de cualquier melancolía o abatimiento, de cualquier trauma pasado que pueda coartarnos y empezar a asumir riesgos, prestar atención y aferrarse a cualquier semilla que el viento nos traiga, pues nunca se sabe cual echará raíces.

En la vida hay que dar por concluidas las cosas premeditadamente. Sólo en ese momento se pueden soltar y dejar ir. Así podremos abandonar nuestra zona de confort apolíneo y encontrar ese instante mágico que a todos espera.

Dicho salto objetivo, fue gracias a una persona que entró en mi vida de la manera más sencilla y espontánea posible.

Una persona, que creo totalmente inconsciente del revulsivo que para mí supuso, y a la que estaré eternamente agradecido. Pues me hizo entender que la felicidad puede darse el caso de ser una fortuna de eventualidad azarosa, pero por norma general, es una conquista.

Yo hoy, y desde entonces, sigo abriéndome a la vida.

Me encanta…  Creo firmemente en sus posibilidades !

 

 

“Para aquellos que han vivido en la selva oscura de la depresión, y conocen su inexplicable agonía, su regreso del abismo no es diferente del ascenso del poeta, recorriendo más y más arriba, el camino de salida de las negras profundidades del infierno para finalmente emerger a lo que él llama ‘el brillante mundo’.
Allí, quien haya recobrado la salud, ha recobrado casi siempre el don de la serenidad y la alegría, y tal vez ésta sea recompensa suficiente por haber soportado la desesperación más allá de la desesperación.”
William Styron – Esa visible oscuridad

 

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