Arte de Venus

Escrito por el 19-2-2013 en Poesía Subversiva

 

 

 El amanecer comienza tímidamente a deslizar un pincel de luz en el rostro de la tierra, y el campo, tumbado hacia el horizonte como un penitente cansado, sugiere el alivio de poner tras de sí el tumulto de los años sin pausa, y apocar la angustia de hacer, sin remedio, la experiencia triste de las glorias perdidas…

 

Quijote: ¡Mira! Sancho hijo mío, ¡presta atención a lo que nos viene por esta parte!

Sancho: ¡Mire bien lo que hace Señor!. Por lo que se ve, parecen gentes reprendidas de la Justicia. No se vaya a hacer una idea equivocada vuestra merced. No son ni viudas, ni princesas encantadas, ni encantadores, ni brujos ni demonios. Es simplemente una precesión de prisioneros que el rey manda a galeras.

Quijote: ¿¡Dices prisioneros?! ¡Oh tu impávido encantador, quién quiera que seas, consigna bien la valentía del sendero de mi espada, que pone al servicio de Dios y de mi señora éste, su rendido caballero!

Sancho: Mire bien lo que hace mi Señor, que la Justicia, ¡el Rey mismo!, les ha reprendido por sus crímenes. No se engañe.

Quijote: ¡Nadie pase de aquí! ¡Todo el mundo se tenga! ¡Deteneos!

Comisario: Tengo cuidado, caballero; estos que traigo aquí carne de muy mala catadura, muchos de ellos van a presidio de por vida, tal es la maldad de sus crímenes.

Quijote: ¿Ah sí? ¡Tú!, que miras al suelo con rostro ausente, ¿por qué estás aquí?

Prisionero: ¡Por enamorado Señor!

Quijote: Que incongruencia, entonces debiera yo hace tiempo estar preso de las cadenas.

Comisario: Se enamoro de una mujer casada señor, es un adúltero.

Quijote: ¿Y tú? ¿Por qué tienes el rostro lleno de magulladuras?

Prisionero: Por cantar; me torturaron y canté que era cuatrero.

Quijote: Entiendo.

Sancho: Vámonos señor, estos alguaciles son gente de muy mal carácter, de enojarlos pueden invocar contra nosotros a la santa compaña.

Quijote: He sacado en claro, hermanos, que recibís vuestras penas de mala gana, y que aunque las sufrís como castigos a vuestro mal, os encamináis a ellas muy en contra de vuestra voluntad. Pudiera ser cierto que el amor incontrolable de uno, y la poca resistencia al dolor del otro, hayan sido la causa de vuestra desgracia. Todo esto me está pidiendo, convenciendo y hasta empujando a que ahora os haga un testimonio de por qué Dios me lanzó a la tierra y me impuso profesar la caballería.

Alguacil: Tenga cuidado de lo que dice, Señor, que está vuestra merced en el camino de la Justicia.

Sancho: ¡¡Vámonos Señor, no nos tengan por salteadores de caminos!!

Quijote: ¡¡¿¿A libertar a los encadenados llamas saltear caminos??!! Pido a los guardeses que dejen ir a estos pobres que aquí vienen. Se me hace demasiado duro poner cadenas a quienes el nacimiento y Dios mismo hizo libres. De no hacerlo, este brazo y el valor de mi espada os moverán por la fuerza a la Justicia.

Sancho: No permita que penemos a su causa Señor, ¡¡¡no sea que manden nos persiga la Santa hermandad!!!!

Quijote: Tengo ganas de enfrentarme a ellos y estrangularlos yo mismo con las manos desnudas; o a las tribus de Israel y a los pares de Francia, y a Castor y a Pólux,¡¡¡ y a todos los hermanos y hermandades que hay sobre la tierra!!!

Alguacil: Calle, calle, vaya por su camino con Dios delante, váyase de aquí y no le busque tres pies al gato.

Quijote: ¡¡¡Vos sois el gato el rato y el bellaco!!!!!!

 

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