Escrito por el 23-1-2013 en Poesía Subversiva

 

He aprendido por la fuerza

 el camino de recrear el mundo,

porque no me pasa tanto que pudiera alarmarte

 pero, cuando contengo la respiración,

 y bajo la vista,

 y paro una imagen cualquiera que cruce el silencio,

 puedo verte.

 Te veo blanca y negra, como matizada en la cola,

 sin tú quererlo, de unas gotas de pintura;

 ocupada de descanso al punto de desbordarte,

 abatida tu elegancia del deber de dispersarte,

 tal que si, andando, uno de tus calcetines amenazara descalzarte;

 idealista, yéndote o viniéndote con ritmo, casi musicalmente;

 materialista, pululando lentamente,

 como si tus pies no estuvieran persuadidos de despegar del suelo.

 Algunos te harán jovial, unos te echaran tres, otros treinta;

 pero yo te hago grave, porque veo en tu sonrisa la mueca de la nostalgia,

  y en los ojos, la lección de la derrota,

 ¿y en la voz, mi amor?

la textura inacabada de una nota sostenida,

 discordante del regusto de mezclar memoria  y mito.

 He aprendido a la fuerza a recrear el mundo

 y a veces te abrazo en el pensamiento suplente,

 otras te olvido y lloro, y río, y juego a inventarte

 para que nadie, ni el tiempo, ni tú, ni yo,

 pueda quitarme del vicio de recordarte.

 Y a veces sólo tengo el placer de pensarte;

 pero creo que además,

 siempre que tomo en tu nombre la ausencia,

 y que viene a mi boca una forma de combatir la bajeza,

 y que vuelca en el aire mi boca una forma de risa sentida,

 pienso en ti; y también,

 cuando tarde, el cúmulo de cansancio me convence de agacharme,

 y la suerte, y el mundo, y la falta de verte me doblan,

 y me cuesta esquivar el concepto de perderme,

y clamo ser feliz por compensar mi deriva,

 entonces, también, pienso en ti.

 Amor mío, he aprendido, sin elegirlo, a recrear el mundo,

 y he aprendido a indagar el silencio.

 Tu silencio es un pasado que el dolor cambia en futuro;

 tus lágrimas son silencio, que tienen muchos nombres, y disuelves callando.

 El silencio, amor, tiene forma de piano,

 o de té de jazmín, o de vaso de agua;

 o de sudor, o de esperma o edredones,

 o de sangre, o de conejos o gatos, o de Francia y Alemania;

 el silencio, como la Religión, siempre dice la verdad;

 es el tiempo y es la vida, y es todo lo que nos perdemos;

 el silencio soy yo, tu hombre, el único que te hace el amor,

 y el único que te folla,

 feliz, radiante, adjetivo y desesperado,

 que aprendo por la fuerza a recrear el mundo;

 el silencio eres tú.

 

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