¿… hombre? ¿… folla?

Escrito por el 03-11-2012 en Poesía Subversiva

 

 

No tengas miedo; y no tengas miedo del miedo:
 Siempre estuvieron juntos el amor y el espanto;
 hasta la ternura del nacimiento consiste en herir a nuestra madre,
 en escindirla, en mutilarla de nosotros mismos.
 Yo no lo tengo, y creo en ti porque encuentro tu nombre
 entre ecos y silencios, y trozos de palabras;
 pero estoy cansado, y así no puedo frenar el transcurso de los momentos,
 ni volver atrás, ni poner trabas persuasivas a la pompa de reanudarme
en el lapso que media entre el después y el ahora;
 pero quisiera interrumpir el impulso insufrible
 que me coloca muy a mi pesar de este momento en aquel,
 porque he perdido afición al teatro;
 y quizá si abro un segundo y aprendo a doblar sobre sí mismo el tiempo,
 meta en mis ojos una sombra de mi ingenuidad primera.
 Sí, me bastara en la boca el beso de una imagen transfigurada,
 a cambio de dejar engañar mi lealtad de la soledad,
 con tal que fuera primigenia, con tal que me redimiera
 por un solo instante de necesitar el olvido.
 Porque amo de ti hasta tu exhortarme
 a difuminarte entre espejos de algo que yo no he sido,
 para verte o verme sin constancia de los contornos,
 para verte mal, para no verte.
 He olvidado que vi tus ojos y tu sexo hacerse de agua,
 como un rocío que viniera a besar mi tierra desnuda por la mañana,
 y no sé quién eres pero quiero jurar que ya te conocía;
 y si bien tuviste otra forma y otro tiempo,
 y otro después, y otro ahora, y otra desesperación,
 no he perdido la cuenta de que hundí tu cuerpo en mi memoria,
 y descansé mi boca en tu boca,
 y dejé que tus reproches se extinguieran en mis párpados cerrados.
 Porque tengo que inventarte te imagino resplandeciente,
 besada en la frente a un solo tiempo de todos los amaneceres,
 y a veces logro sostenerte en el silencio,
 amor mío, de mi más íntimo ser cualquiera.
 Quisiera de ti que no decaigas si miras de frente a la esfinge,
 aunque la veas desfigurada;
 todos los resplandores en su abrumadora ilusión
 han sido monstruos en otro tiempo,
 porque la candidez misma es una nana a la brutalidad,
 preciosa, pero inventada.
 Quiero que entreveas en el espanto la belleza;
 recuerda que tú y yo también fuimos prohibidos.
 Estoy enamorado de una brecha,
 y satisfago los caprichos de una escisión tirana
 que me conserva y consume en partes iguales, por mitad,
 como se abrazan y se rehúyen al tiempo los deslices de un canto a la trivialidad.
 Pero yo no soy trivial;
 puedo abarcar en un aliento todos los suspiros de un despecho amañado.
 Consuélame en silencio, porque estoy fuera de casa,
 y eres la lengua y la música de una aventura extranjera;
 ¿también el corazón?,
 dime que no, mi amor, dime que eres de aquí cerca,
 que siempre estuviste aquí, con otra forma, y otro tiempo,
 que has vuelto a casa, y que yo, feliz o desesperado,
 soy toda la ingenuidad que te queda.

 

 

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One Comment

  1. La polla.

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